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Tomás González Benítez//
Los pases: ¿quién tiene que comprar?

Por allá, la Copa América Centenario acapara el rating más elevado y, por fortuna, permite ver rodar la pelota. Por acá, el adefesio en que se ha convertido la AFA suma día tras día capítulos de oprobios y no hace más que seguir denigrando al fútbol argentino. En medio de aquel hecho deportivo que enciende ilusiones por la Selección y de esta inacabable colisión de intereses que da pena, existe lugar para un mercado de pases que se mueve a paso cansino y que sólo es agitado por la voluminosa billetera de Boca.

Tomás Elías González

Entre la plata que no abunda en la mayoría de los clubes, la ingeniería que tratan de hacer los dirigentes para cerrar contrataciones, las exigencias y los caprichos de los técnicos, la imposibilidad de competir con las plazas más poderosas del exterior, la vieja discusión surge cada vez que empieza a girar la ronda de transferencias: ¿quién debe comprar? ¿La dirigencia, que administra el dinero de la institución; o el entrenador, que es el especialista, el que conoce y analiza a los jugadores? ¿Y si el técnico la pifia, le hace gastar plata al club sin sentido y lo echan a los tres meses?

En River, un caso emblemático, Marcelo Gallardo -junto a Enzo Francescoli, el secretario técnico- eligió a casi todos los últimos refuerzos (salvo Joaquín Arzura). Y la pegó poco y nada, a excepción de Lucas Alario. En Boca, en tiempos de Rodolfo Arruabarrena, Daniel Osvaldo y Carlos Tevez llegaron a Brandsen 805 por obra y gracia de Daniel Angelici. A Carlitos, obviamente, el Vasco lo aceptó con el mayor gusto. La historia de Osvaldo concluyó dos veces mal, la segunda ya con Guillermo Barros Schelotto al mando del plantel. Ahora, el Mellizo solicitó a Darío Benedetto; y consensuó con los dirigentes sobre los arribos de Fernando Zuqui y Walter Bou. En Lanús, Guillermo tuvo tres aciertos notables: los paraguayos Gustavo Gómez (al que pretende en Boca), Miguel Almirón y Víctor Ayala. Jorge Almirón, flamante campeón, le puso el ojo a Iván Marcone y a José Luis Gómez, y no falló: resultaron piezas esenciales del gran Lanús de hoy.

La clave, como siempre, está en la delgada línea que separa al éxito de la derrota.

Tomás Elías González

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