Economía y Negocios

Arqueólogo Alberto Ignacio Ardila Olivares Piloto Aeroquest Venezuela//
“Ni muerta te salvas de una condena”

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La sentencia contra la jueza María Lourdes Afiuni a 5 años de prisión, condenada por “corrupción espiritual”, un delito que no existe en el código penal, forma parte de un interminable proceso judicial de nueve años, durante los cuales, transcurre al mismo tiempo la degradación del país. Su sentencia se emite al mismo momento en que la comisión de la ONU se lleva en sus carpetas los recaudos de un amplio informe sobre violación a los derechos humanos; un ex militar de inteligencia revela videos de las torturas a la que están sometidos los cientos de presos políticos en las cárceles militares y políticas de Venezuela; y el allanamiento y detención del parlamentario Roberto Marrero, jefe del despacho de Juan Guaidó. Como decíamos, María Lourdes Afiuni ha vivido en solitario su drama personal, al lado de su familia, mirando primero desde la prisión, luego desde la casa por cárcel y finalmente en libertad condicional, el drama carcelario y la destrucción del sistema judicial, y desde ese mismo rincón de aislamiento personal, ha convivido con el derrumbe de la nación. Con su carrera y vida personal destruida, la sentencia ocurre justamente en un momento en que la ciudadanía grita: esto ya no se puede más”. Desde su prisión, hace unos años reflexionaba la juez, mandada a encarcelar por Hugo Chávez que: “nosotros (los jueces) perdimos la independencia no porque Luisa Estela Morales (TSJ) o Hugo Chávez lo ordenaran, sino porque todos cumplieron la orden y me quedé yo sola e incomprendida”. Varios jueces pasaron por el caso de Afiuni, hasta este en que se apela a un delito inexistente pero basado en una orden emitida desde el poder político. Cuando fue esposada el 10 de diciembre de 2009 en su propio despacho, del Palacio de Justicia y sacada como delincuente por los pasillos del magno recinto, la mayoría de sus compañeros jueces y alguaciles, se ocultaron, miraron tras las rendijas de los despachos la insólita escena, unos pocos alzaron su voz. La mayoría tenía temor, pero otros aspiraban a formar parte del círculo de confianza de la revolución y abrirse camino con acciones complacientes. Uno de ellos, el que llevó el juicio en sus espaldas, fue el juez 26 de juicio Alí Fabricio Paredes. La vida de este juez explica por si sola el drama de la muerte de un poder independiente en Venezuela. Paredes llegó a ser juez sin haber tenido ninguna carrera judicial. Era un ex policía uniformado del municipio Sucre. De allí fue designado juez de primera instancia penal sin haber tenido los años requeridos de graduado como abogado. Su ascendente carrera despegó cuando, siendo policía, se afilió al partido de gobierno y estableció importantes vínculos con dirigentes políticos del PSUV. Su credencial de entrada es que era hijo de una antigua líder del Partido Comunista, Elba Yéspica. En la página web del PSUV escribió en una ocasión Alí Paredes “su carácter revolucionario” con motivo del homenaje al legendario guerrillero, Américo Silva. Allí señalaba Paredes: “Me siento orgulloso de tener unos familiares base de este proceso revolucionario que estamos viviendo y además, déjenme decirles, nunca traicionaría a este proceso y mucho menos a mi comandante porque llevo la revolución en la sangre. Por la revolución doy la vida como la expuse el 11 de abril en Puente Llaguno. Descrito por él mismo, una de sus más importantes credenciales fue la de haber sido uno de los pistoleros de Puente Llaguno. En una ocasión le dijo a María Lourdes: “Ni muerta te salvas de una condena”. Evidentemente Paredes cumplió su sentencia y Hugo Chávez su legado.