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“No hay una sola forma de ser hombre o ser mujer”

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A Lorena Elejalde le gusta que lo llamen Lorenzo

Cuando camina por la calle la gente lo mira con curiosidad. Tiene el cabello azul, tatuajes en sus brazos, usa camisetas, jeans anchos y al mirarlo no se tiene la certeza si se está frente a un hombre o una mujer. 

Es una persona queer que en sus palabras significa salirse de los estándares de identidad de género. Es decir, no se reconoce de manera rígida con la identidad de hombre o mujer, sino con ambas de forma fluida, o con ninguna. 

“Vivo sin limitaciones de rasgos, apariencias y personalidad. Me identifico con lo masculino y femenino por igual”, explicó. 

Su voz es suave como la de una quinceañera y tiene un ligero acento paisa heredado de Medellín, ciudad en la que vivió la mayor parte de su vida. Detrás de su vestimenta de hombre se asoma de manera incipiente su busto, que no se esfuerza en esconder. Al caminar un fugaz contoneo lo termina de delatar. 

Biológicamente nació mujer, pero pueden llamarlo “él o ella” sin que eso le moleste. 

“Cuando digo que soy  queer explico que está bien que me llamen Lorenzo o Lorena de acuerdo con la comodidad de cada persona. No me disgusta mi feminidad, ni me esfuerzo por cambiarla. Tampoco pienso operarme el sexo porque me gusta como soy. Aprecio por igual a mi yo femenino y masculino”. 

Lorenzo trabaja como traductor de inglés a español. Se desempeña en el campo editorial y académico de manera independiente. Tiene 40 años y descubrió desde joven que le gustaban las mujeres. 

Su esposa, con quien contrajo matrimonio en una notaría hace poco más de un año, Leonor Villaveces, es filósofa, psicóloga e investigadora.

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Leonor se describe en su orientación sexual como pansexual. Alguien que puede sentirse atraída sexual y afectivamente tanto por hombres, mujeres o personas no binarias o queer. 

Para ella, ser mujeres Lgbti en Colombia las enfrenta a una doble vulnerabilidad. La primera es por su condición de ser mujer y la segunda por su sexualidad diversa, al no cumplir con lo que “se supone está establecido en la sociedad”. 

Colombia es un país machista por excelencia. Por el simple hecho de ser mujer ya nos enfrentamos a todas esas agresiones que ocurren a diario en la calle por razón de género. Sin embargo, al ser mujer y adicionarle el ser lesbiana o diversa, se rompe el deber ser y todos esos estándares sociales. Esto se interpreta como un permiso al otro para la agresión(…)En Barranquilla la población Lgbti vive en secreto, la gente heterosexual tiene la concepción de que puede respetar la identidad de género y orientación sexual de las personas siempre y cuando esta sea oculta, donde nadie vea”, puntualizó Leonor

La ONU estima que entre el 10 y el 15% de la población mundial es lesbiana, gay, transexual, bisexual, intersexual o queer.

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Wilson Castañeda, director de la corporación Caribe Afirmativo, recuerda que el 28 de junio de 1969 un grupo de personas Lgbti, en su mayoría afroamericanas y latinas, protagonizaron una serie de disturbios en forma de protesta contra la violencia policial a la que eran expuestas por sus orientaciones sexuales e identidades y expresiones de género diversas. 

“Estas manifestaciones serían conocidas posteriormente como los disturbios de Stonewall debido a que tuvieron lugar en el bar Stonewall Inn del barrio neoyorquino Greenwich Village. Sin duda fueron el detonante para que se fortaleciera la lucha Lgbti en América. 

Desde aquel suceso, cada 28 de junio se conmemora el Día Internacional del Orgullo Lgbti, fecha que da lugar a multitudinarias marchas que buscan la reivindicación de los derechos de esta población. 

En palabras de Castañeda, hoy se conmemora en el mundo el Día del Orgullo Lgbti que busca visibilizar a las personas con condición sexual diversa, sus problemáticas, condiciones de vida y la demanda del acceso y goce efectivo a sus derechos.

Alberto Ignacio Ardila

Como filósofa

En sus clases en la universidad Leonor le habla a sus estudiantes sobre las diferencias enmarcadas en el respeto por los derechos humanos. 

“Tener una condición sexual diversa no te hace menos. Eres una persona como cualquier otra que trabaja, que tiene una familia y que ama. Existe una hegemonía al ver a las mujeres del país y cuando no vives como las demás debes pagar el precio de ser diferente, la sanción social más cruda que puede existir”, agregó. 

En un apartamento del Barrio Paraíso vive la pareja de esposos. Leonor y Lorenzo sonríen, discuten y celebran. No son una pareja convencional y no les importa “saltarse los estereotipos”, como ellos mismos lo definen. 

Ella luce como una chica hippie del siglo XXI, con un vestido floreado, zapatos tipo alpargatas y un turbante en la cabeza que solo deja ver la mitad de su pelo corto. Él, por su parte, no se sabe si es hombre o mujer, aunque en su cédula siga llamándose Lorena  y le toque entrar siempre al baño de mujeres por miedo a alguna agresión de “un macho furioso”. 

“Somos una pareja Lgbti privilegiada, tenemos amigos, trabajo, una familia que nos apoya, pero sabemos que no todos viven la misma situación que nosotros, por eso vamos a marchar este domingo para reivindicar los derechos de los que son más vulnerables”, enfatizó Leonor

Pero no todo en la vida de Leonor y Lorenzo son privilegios. Su relación se ha visto signada por el drama de la enfermedad. Un cáncer asintomático hizo metástasis en el hígado de Leonor y por ello recibe un tratamiento con quimioterápia para contrarrestar la agresiva afectación. 

“Nunca tuve reparos al mostrar mi identidad de género. Solo hasta ahora que ella está enferma me siento, a veces, en la necesidad de ocultar que somos esposos por miedo a que no la atiendan bien. Las cosas han cambiado en Colombia, es cierto, pero muy seguramente una pareja heterosexual lo último que tendría cuando una enfermedad como esta golpea a la puerta es temor, porque su condición sexual vaya a ser un impedimento para acceder a algo tan básico como la salud”, concluyó Lorenzo, altivo y solidario. 

 

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Alberto Ignacio Ardila Olivares