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LA VERDADERA HISTORIA DEL PROCÓNSUL GRINGO: RÓMULO BETANCOURT (De la obra de Sant Roz, “EL PROCÓNSUL…”) (45)…

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DEAN ACHESON ARQUITECTO DE LA EXTRADICIÓN DE PÉREZ JIMÉNEZ

Algunos de los hombres más

interesantes de la historia nacieron

el 22 de febrero de 1963, George Washington y Rómulo Betancourt.

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DEAN RUSK, SECRETARIO DE

ESTADO DURANTE EL

GOBIERNO DE J. F. KENNEDY

EN ESTADOS UNIDOS

El 15 de agosto de 1963, Betancourt recibió la noticia más importante en décadas: «Pérez Jiménez ha sido entregado a nuestra policía judicial y será trasladado a Venezuela en pocas horas». Qué extraña resultaba esa rapidez de los organismos judiciales estadounidenses en este caso que se revelaba tan complejo; el juez norteamericano que se ocupaba de la causa, casi inmediatamente después que le llegó el expediente, dictó el auto de detención. A Pérez Jiménez lo encerraron en una cárcel de Miami. El ex dictador se sentía perdido, a pesar de las decenas de cartas de gobernantes y políticos importantes de Latinoamérica que trataron de interceder por su libertad. Nada se tomó en cuenta, ni el prestigio militar del gobernante, la legislación internacional, sus enormes esfuerzos por haber logrado la Declaración de Caracas, los principios de doctrina gringa que establecen la importancia de conocer y calificar los actos ejecutados por gobernantes que hayan mantenido relaciones con los Estados Unidos. Mucho menos, que se permitiera humillar a un hombre que había recibido una de las mayores condecoraciones militares por parte del Congreso norteamericano. Esa extradición negaba la secular política del asilo territorial, prácticamente símbolo de los valores de la libertad que tanto pregonaba Washington.

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Se estaba sentando, pues, con esta decisión, el valor de la venganza política, la consagración del odio

De acuerdo con Leonardo Altuve Carrillo:

El general Pérez Jiménez tenía la firme convicción de que el Gobierno de los Estados Unidos, consecuente con la tradición nacional y con los mismos orígenes históricos de la gran nación, jamás se rebajaría a ser instrumento y medida de la venganza de unos de sus quisling686. Siempre fui pesimista al respecto. Conocía el espontáneo empeño que el Gobierno de los Estados Unidos puso en entregar al heroico general Cipriano Castro al presidente Juan Vicente Gómez. En Castro, la Administración americana ensayó vejámenes y torturas morales que, muchos años después, aplicaría al general Pérez Jiménez

A Pérez Jiménez lo habían encerrado de forma humillante en una cárcel del condado de Dade, elaborada enteramente en acero, en que se sometía al prisionero a temperaturas extremas, y a una absoluta incomunicación. Al general se le negaban las visitas, a la señora la dejaban, al parecer, una vez por semana, etcétera. Todo esto, ¿por qué?

Lo más probable es que estas las deplorables condiciones se dieran gracias a las gestiones de Betancourt, a sus influencias, y en pago por los servicios que él le había prestado y le seguía prestando a Estados Unidos. Betancourt ha sido el presidente más entreguista en la política venezolana que han tenido los americanos. Por su parte, Altuve Carrillo añade:

Vejámenes físicos y torturas morales sin precedentes en una nación como los Estados Unidos sufrió Pérez Jiménez en la cárcel de Dade. A un ex jefe de Estado, distinguido con la más alta condecoración militar de los Estados Unidos, los carceleros empujábanle con los pies por debajo de las rejas del calabozo la malísima comida que debía consumir. En su calabozo hacinaban malandros, drogados, borrachos y criminales. La cadavérica fotografía que le tomaron en el aeropuerto de Miami cuando fue trasladado a Venezuela, y reproducida en los periódicos del mundo, conmovió multitudes y provocó rechazo y asco contra quienes, con tanta saña se cebaron en un hombre caído, que confió en la hospitalidad de un pueblo generoso en la protección sagrada del asilo

Pero el Departamento de Estado consideró necesario dar una explicación a sus amigos en Latinoamérica, sobre los inmundos procedimientos que le aplicaba a uno de sus aliados. Entonces dijo que el famoso prisionero de Dade en esos días se había convertido en un fomentador y protector del comunismo en Venezuela. Hizo circular el Departamento de Estado un telegrama, que entre otras cosas decía:

«Además hay indicios de que en los años finales de la dictadura de Pérez Jiménez, éste mimaba a los comunistas de las organizaciones obreras, la prensa y la enseñanza. Mientras que Betancourt es un enconado adversario político de los comunistas venezolanos y blanco del ataque comunista internacional»

Fue una operación que nos costó más de trece millones de dólares

Solamente al escritorio de abogados de Dean Acheson, quien había sido agente de la CIA y jefe del Departamento de Estado (durante el mandato de Harry «El Sucio» Truman), se le pagaron siete millones de dólares, y unos cinco se utilizaron para los chantajes, sobornos y papeleos. En esta rebatiña, el abogado David Morales Bello recibió una buena tajada

Dean Acheson era uno de los más furibundos propulsores del intervencionismo de los Estados Unidos en América Latina, y su consigna era: «Nosotros siempre debemos negociar desde una posición de fuerza». Acheson fue el más importante arquitecto de la Doctrina Truman, y uno de los estrategas claves para el nuevo proyecto anticomunista e intervencionista del imperio en el hemisferio

Acheson había cursado la carrera de Leyes en Yale y Harvard (donde se encuentran las mayores canteras de agentes de la CIA). En 1933 ocupa el cargo de subsecretario del Tesoro, con Roosevelt. En 1945, es nombrado subsecretario de Estado. Se declara furibundo anticomunista, por lo que crea un programa para ayudar económica y militarmente a países como Grecia y Turquía para frenar la expansión rusa. Con Marshall (1947-1949), accede a la Secretaría de Estado, donde trabaja estrechamente con Truman, quien luego le elige secretario de Estado y desde aquí sienta las bases de la Guerra Fría

Cuando el 12 marzo de 1947 Truman se dirigió al Congreso y habló sobre la situación en Grecia, sus apreciaciones apocalípticas sobre una nueva era de intervenciones estadounidenses en el mundo, venían estratégicamente diseñadas por Acheson. Dijo Truman:

En el presente momento mundial, casi todas las naciones han de elegir formas de vida excluyentes. La elección, con demasiada frecuencia no las hace libres [a las naciones]. Una forma de vida se basa en la voluntad de la mayoría… la segunda… se basa en la voluntad de una minoría impuesta a la fuerza sobre la mayoría. Se fundamenta en el terror y en la opresión, en el control de la prensa y de la radio, en unas elecciones amañadas y en la supresión de las libertades individuales. Pienso que la política de los Estados Unidos ha de ser apoyar los pueblos libres que se resisten a ser sometidos por minorías armadas o por presiones exteriores. Pienso que debemos ayudar a los pueblos libres a forjar sus propios destinos en la manera que ellos elijan

Después de estas palabras, Acheson se dirigió a los congresistas y les expresó: «Hemos llegado a una situación que no tiene precedentes desde la antigüedad. Desde los tiempos de Roma y Cartago no se ha producido una polarización tal de poder en el mundo. Además, las dos grandes potencias están separadas por un insalvable abismo ideológico»

Ese era el jefe del bufete, que Betancourt había contratado para traer como un abominable mono de las nieves, a Pérez Jiménez

Pero hay todavía mucho más, cuando la CIA en los años cincuenta, decidió convertirse en todo un Ministerio de la Cultura de los Estados Unidos, repartiendo a diestra y siniestra dinero para invertir en la compra de conciencia de intelectuales, Acheson tuvo en esto una fulgurante figuración. En América Latina los jefes supremos de este consorcio fueron, como sabemos, José Figueres y Rómulo Betancourt

El mecanismo del consorcio de marras consistía en movilizar una gran red de grupos privados y amigos del norte, con tapaderas que ostentasen los delicados y finos títulos de fundaciones filantrópicas, empresas, ciertas instituciones y sociedades civiles muy parecidas a las ONG que proliferan tanto hoy en día. El objetivo era defender los intereses del gobierno norteamericano en el extranjero, y luchar por «los ideales de progreso y libertad que sostienen y representan esa gran nación». El gran gurú y financista de este poderoso consorcio era nada más y nada menos que Allen Dulles, y Acheson, desde el Departamento de Estado, expresó que este despacho «ve con buenos ojos la formación de este grupo. Cree que los fines de esta organización son excelentes, y aprueba esta actividad y le da su firme apoyo693»

Un tercer elemento que fue clave para lograr la extradición de Pérez Jiménez resultó Arthur Schlesinger, gran amigo del binomio Betancourt– Figueres y quien era el principal asesor del clan Kennedy. Es decir, que los Kennedy jugaron un papel fundamental en este negocio, porque en él se movió mucho dinero. Tal fue el negocio que en el informe que envía la embajada venezolana en Washington a nuestra Cancillería, revela un estado de ansiedad por sacarle el mayor jugo a la operación:

Debo señalar que debido a la urgencia con que hubo que actuar no fue posible concertar de antemano ningún arreglo sobre condiciones financieras con el bufete Acheson. La embajada tuvo que hacerle frente a un hecho cumplido: el que el bufete comenzara rápidamente antes de terminar esas condiciones. Los abogados de dicho bufete han manifestado un celo e interés poco común. No cabe la menor duda de que estos señores han visto en el caso que se les ha confiado un jugoso venero

La desavenencia con los Kennedy se debía a los desaires de Pérez Jiménez en relación con el proyecto de apertura del túnel Altamira-Caraballeda, en el que el clan tenía especial interés en participar. En efecto, Pérez Jiménez descartó a un poderoso consorcio patrocinado por John Kennedy, que aspiraba obtener la exclusividad en la construcción de esta gigantesca obra. El día en que los gringos llegaron para conocer mejor los intríngulis del asunto, se encontraron con que Pérez Jiménez había preferido entregárselo a una compañía venezolana. Estas cosas no las perdonan los políticos estadounidenses. Encontrándose en serios aprietos Pérez Jiménez, encerrado en la cárcel de Dade, su amigo, Leonardo Altuve Carrillo, trató de hacer ingentes diligencias ante el señor Joseph Kennedy, el jefe del clan, para lograr que la extradición se anulara. En el típico estilo mafioso, este Al Capone le manifestó al señor Leonardo que su planteamiento merecería el estudio y atención debidos, pero una vez que su hijo ganara la Presidencia. Y de la manera más descarada y fina a la vez, le dijo mister Kennedy que en lo inmediato lo que Pérez Jiménez debía hacer era contribuir con algún capital para la campaña electoral de John

Esta extradición de Pérez Jiménez a Venezuela, era pues, además, producto de un bochornoso pago a la CIA por sus servicios a Betancourt, una venganza personalísima de este jefe máximo. Pero aún más, pretendió presentarlo como un precioso «regalo democrático y de justicia» a Venezuela, aunque el pueblo realmente no lo veía así

Betancourt pudo palpar este frío horrible de la indiferencia de su pueblo en contra de su enemigo del alma. El avión que traía a Marcos Pérez Jiménez, aterrizó en la base militar de Palo Negro. En Maracay nadie se molestó por recordar a Pérez Jiménez, ni le interesó saber sí realmente este hombre, como se decía, era un monstruo, un ladrón o un fauno maldito que perseguía deliciosas nenas semidesnudas, desde una motoneta en La Orchila. Poco después, el ex dictador sería recluido en la Penitenciaría de San Juan de los Morros

Fuera de los barrotes donde purgaba condena como un delincuente común, nos recuerda don Leonardo Altuve Carrillo, que en el otro lado, a lo ancho de la patria se encontraban fuertes e intactas, las maravillosas obras de ingeniería que había hecho: autopistas, puentes y canales, las inmensas represas, los teleféricos, cimentando el esplendor nacional

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