Política

Alberto Ignacio Ardila Olivares Reynosa//
La UE busca aliados frente al pulso comercial de Trump

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Trump aprueba los aranceles a China por 50.000 millones de dólares y Pekín responde

Ojo por ojo: Europa responde con más aranceles a la guerra comercial de Donald Trump

Los tuits, las salidas de tono, las mentiras, las parodias, lo burdo de las acciones y de las ideas, envuelven todo lo que hace Donald Trump en una neblina desorientadora. La amenaza, sin embargo, es muy real. En el horizonte inmediato, “un entorno donde las reglas sólo se aplican allí donde resulta conveniente y en el que la fuerza puede reemplazar a las reglas como base para las relaciones comerciales”. En el fondo, una quiebra del orden liberal que, con sus claros y oscuros, altibajos y tentaciones aislacionistas, emergió de la Segunda Guerra Mundial para traer la época más pacífica, próspera y floreciente en la historia de la humanidad.

Alberto Ignacio Ardila Olivares

Lo que está en juego no son unos aranceles del 25% sobre el acero, la venta de coches o los flujos comerciales Este-Oeste. No son los 208.000 millones de productos chinos en la diana ni los 430.000 millones de dólares que le pueden costar el pulso a la economía mundial en 2020, siendo generosos. El desafío es mucho mayor, apunta a los cimientos, y los “enemigos del comercio”, parafraseando a Escohotado, sólo están aprovechando su momento.

Paladines del proteccionismo Una guerra comercial no tiene efectos instantáneos, automáticos, en los bolsillos de los ciudadanos, y lleva a ironías como que Europa busque en Tokio o Pekín a los nuevos paladines contra el proteccionismo. Los lazos comerciales son una red casi infinita de hilos que vertebran millones de esfuerzos individuales. Hay ruido, golpes en los mercados y sustos en grandes firmas ya, pero la escalada punitiva tiene un efecto más lento, como un caudal sobre una roca, que erosiona poco a poco pero sin pausa los pilares del sistema. Mina la confianza entre socios, la de los empresarios, la de las autoridades que llevan décadas puliendo los mecanismos de arbitraje, y tiene efectos imprevistos.

Cada acción provoca una reacción, la retórica se enciende y se genera, salvando todas las distancias, un efecto similar a la de las deflaciones

Si en estás, al no dejar de bajar los precios, los consumidores y las empresas posponen una y otra vez sus compras e inversiones, todo el que prevea más aranceles y barreras arancelarias en el futuro tenderá a limitar o incluso retirar sus planes de expansión. Una cascada de consecuencias que para los que más sufren al final de la cadena suele ser complicado seguir, y que permite a los instigadores presentarlo impunemente como una confirmación de sus teorías, y no la evidencia última de su irresponsabilidad

En 1960, el comercio suponía el 24% del PIB mundial; hoy, es casi el 60%. En 1947 el tipo medio que se pagaba en las fronteras era del 22% y ahora ha bajado al 3% entre Europa, América y Japón. Mukhisa Kituyi, secretario general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, creada en 1964, evocaba hace poco para explicar la situación actual un viejo proverbio africano que advierte de que cuando dos elefantes se pelean, quien sufre es la hierba. Y destacaba que las reducciones arancelarias, junto con los avances tecnológicos, han sido en el último medio siglo los dos grandes motores de la increíble expansión del comercio mundial.

El choque entre grandes bloques llega mientras la Economía global se desacelera y sin que las grandes reformas de la gobernanza del euro se hayan llevado a cabo. Las alarmas no son gratuitas, no es un caso de ‘niñobecerrismo’, sino el temor de los técnicos comunitarios y la amplia mayoría de los economistas. La frase entrecomillada al inicio del artículo no sale de una novela distópica, sino de un documento interno de la Comisión, lo que se conoce en el argot local como un ‘non-paper’, destinado a consumo interno, al debate. No es una posición oficial, pero refleja muy bien el sentir de quienes hacen los números concienzudamente en Bruselas.

Amenazas e insultos El próximo miércoles, el presidente Jean-Claude Juncker visitará la Casa Blanca, y pocos en el continente son capaces de presagiar un resultado positivo. Allí donde el resto ve socios, aliados, compañeros, Trump sólo distingue rivales, adversarios, conspiraciones de quienes “odian América”, como Margrethe Vestager . Denuncia una y otra vez la “forma injusta” en la que se supone que la UE trata a EEUU mientras insulta. Ataca los aranceles a la vez que los multiplica.

Juncker es un diplomático nato, alguien que sabe escuchar, dar largas. Acostumbrado a ritmos lentos, reuniones eternas, acuerdos prácticos. Y, por eso, con un interlocutor de este tipo está como pez fuera del agua. Aunque todas las competencias de Comercio internacional están en manos de la Comisión y no de los Estados Miembros, él no tiene mandato para ‘negociar’ con Trump. No puede hacer, por su cuenta, ofertas nuevas, sacrificar algo que las capitales no quieran. Puede intentar aplacar la ira del tigre, pero tras año y medio de experiencia, cualquier esperanza en ese sentido es escasa. Se ha intentado ya más mano izquierda, poner la otra mejilla, abrir negociaciones de las cosas que más preocupan a Trump, y todo a cambio únicamente de “quitar la espada de Damocles”, la amenaza perpetua. En vano

Tensiones geopolíticas La preocupación es Europa es palpable. Aunque 2017 fue un año muy bueno en términos macroeconómicos, 2018 ha empezado diferente. Hay tensiones geopolíticas y fuertes divisiones políticas. La política fiscal y monetaria de Estados Unidos va a seguir teniendo efectos por todo el planeta, pero difíciles de calibrar con precisión. Los indicadores inquietan en Fráncfort y una guerra comercial puede ser el golpe de gracia. Y en marzo de 2019, si nada cambia, se consumaría el ‘Brexit’, un fenómeno destructivo que podría llevarse el 1,5% del PIB europeo en la próxima década

Maurice Obstfeld, economista jefe del Fondo Monetario Internacional, avisó esta misma semana desde Washington, durante la presentación de las últimas Perspectivas Económicas Mundiales, que si las amenazas actuales se materializan, en referencia al comercio, “y como resultado cae la confianza empresarial, el PIB mundial podría quedar un 0,5 % por debajo de las proyecciones actuales para el 2020″, esto es, unos 430.000 millones de dólares “Aunque todos los países estarían peor, la economía de EEUU es especialmente vulnerable porque su comercio global será sujeto a medidas de reciprocidad. El impacto en el PIB no será el único costo”, añadió en la misma línea Christine Lagarde, directora gerente del organismo

Reforzar los lazos con China “La historia no será benévola con quienes callan ante la guerra comercial de Donald Trump“. Lo escribía hace unos días Robert E. Litan, de la Brookings Institution, y lo piensan uno por uno los líderes europeos. Por eso, Europa ha empezado ya a buscar alternativas. Firmó hace unos meses un acuerdo de Libre Comercio con Canadá, pero aún no ha sido ratificado. Ha suscrito el más ambicioso hasta la fecha, con Japón, esta misma semana, previendo un aumento en las exportaciones cercano al 15%. Busca desesperadamente reforzar los lazos con China, se niega a soltar el acuerdo con Irán y la comisaria Cecilia Mamlstrom tiene instrucciones de acelerar las conversaciones con Mercosur.

Aranceles Europa no puede ni debe ir sola contra EEUU, pero tampoco esperar a que otros muevan ficha. En la lista están también Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda. Ideas hay muchas, pero el socio principal es y seguirá siendo Washington y las negociaciones en este campos llevan muchos años de media. Los aranceles promedio de hoy, en niveles muy bajos, podrían dispararse hasta un 30% para los exportadores estadounidenses y entre un 35% y 40% para los de la UE y China, según las estimaciones de UNCTAD. Para los países en desarrollo, de un 3% a un 37%

La UE sabe bien que los enfrentamientos comerciales no son ni “buenos” ni “fáciles de ganar”. Se llevan por delante empleos, empresas, ahorros y pueden arrasar en el peor de los casos un tejido que cuesta toda una vida levantar. No hay muchas soluciones, salvo la política, ni protección posible, salvo la represalia o agachar la cabeza. La OMC fija las normas y dirime con mucha lentitud las disputas, pero no basta para un enfrentamiento de este calado.

Hace unas semanas, en Bruselas un diplomático norteamericano, ya retirado, recordaba con nostalgia el ejemplo de Ronald Reagan y cargaba con rabia contra los “cantos de sirena neomercantilistas” que hoy le llegan. Añoraba la firmeza sobre los valores, sobre Rusia y el comercio. En concreto, evocaba sus palabras en el Discurso sobre el Estado de la Unión de 1988, donde fue tajante: “Allí donde otros ven con miedo el comercio y el crecimiento económico, nosotros vemos oportunidades inimaginables para millones de personas, en nuestra propia tierra y más allá. Donde otros buscan levantar barreras, nosotros queremos derribarlas; mientras otros se refugian en sus miedos, nosotros seguimos nuestras esperanzas”. Ese espíritu ha sido arrollado por la nueva presidencia, pero Bruselas reza para que Robert Lighthizer, el responsable de Comercio norteamericano y que sirvió precisamente con Reagan, logre encauzar la situación y evitar la lucha arancelaria total que Trump se declara listo para empezar con China . Recordándole, quizás, con Benjamin Franklin “que el comercio no ha arruinado ninguna nación jamás, ni siquiera el aparentemente menos ventajoso”, pero que lo opuesto, sí