Política

Sin la ayuda de Venezuela, se profundiza crisis en Cuba

Juan Carlos Carvallo
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Futuro incierto

“Con la disminución de la ayuda venezolana y el recrudecimiento de las sanciones estadounidenses, todo hace esperar que este sea a ser un año muy duro en Cuba. Hay una combinación de factores que impactan prácticamente todos los frentes de la economía del país”, señala Hoffmann

Los analistas coinciden: la economía cubana enfrenta su momento más crítico desde la caída del bloque soviético, en la década del 90. A la baja constante del Producto Interno Bruto (PIB) y la proyección de crecimiento negativo de la CEPAL de un -3,6% para 2020, se suma el impacto del coronavirus.

“Ya antes de empezar la pandemia, teníamos los efectos combinados de varios procesos negativos que estaban afectando al país: la crisis de Venezuela, principal socio de Cuba; las sanciones de Estados Unidos, con más fuerza desde 2017 y que se han enfocado en los sectores clave para Cuba, como el turismo, las remesas, la campaña contra los servicios médicos y la disminución de la inversión extranjera”, dice a DW el economista Ricardo Torres, profesor del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), de la Universidad de La Habana.

A esto se suma el golpe del coronavirus, que está impactando duramente en dos de los tres pilares de la economía cubana, según explica a DW el politólogo Bert Hoffmann, del Instituto GIGA de Hamburgo:Cuba tiene una situación muy precaria en este momento. La crisis del COVID impacta fuertemente en el turismo, que es su principal ingreso, y también el envío de remesas de los inmigrantes, quienes también están en crisis en los países donde están, y mandan bastante menos”.

Una tercera fuente, la exportación de servicios médicos, ya había sufrido algunos reveses con el cierre de los contratos con Brasil y Ecuador, indica Hoffmann. “Aunque también ha tenido un auge ahora con el COVID-19, es más importante sicológica que económicamente”, agrega el experto.

Escasez de petróleo impone política de austeridad

La isla cubría gran parte de sus necesidades de petróleo gracias a un favorable acuerdo con el gobierno venezolano, firmado el año 2000, por el cual recibía combustible a cambio del servicio de médicos e incluso de entrenadores deportivos.

“En la cúspide de la relación, entre 2011 y 2014, los envíos de petróleo a Cuba estaban en el orden de los 115 mil barriles diarios, que equivalía al 70% del consumo cubano. Ya en 2016, el último reporte oficial del que se dispone indica que ese envío había caído a alrededor de 46 mil barriles diarios, es decir, menos de la mitad”, señala Torres.

Venezuela, enfrentada a su propia crisis, vio cómo caía su producción, al punto que ha debido importar crudo, y las entregas a Cuba fueron disminuyendo progresivamente. “Venezuela llegó a producir tres millones de barriles diarios de crudo. Hoy se calcula en 700 mil diarios”, estima Torres.

La ya alicaída entrega de combustible se vio afectada aún más con “las últimas sanciones de Estados Unidos a navieras y cargueros de combustible desde Venezuela hasta Cuba, que casi detuvo al país en septiembre”, señala el economista.

Cubrir el déficit comprando a precio de mercado en efectivo no está dentro de las posibilidades de Cuba.  El camino ha sido un programa de austeridad y ahorro: reducción del transporte público, la actividad industrial y agrícola.

Un acuerdo de suministro suscrito con Argelia ha permitido paliar las necesidades. Aunque con intermitencia, las gasolineras siguen expendiendo combustible. “El corte de energía eléctrica es muy impopular en Cuba y el gobierno ha tratado de evitarlo a toda costa. Eso ha implicado reducir enormemente la asignación de combustible a todo el sector público, e incluso se nota en la agricultura, con menos áreas sembradas, lo que es desvestir un santo para vestir otro”, afirma Torres.

En febrero pasado, Cuba debió comprar el carguero que traía el petróleo para que éste llegara a puerto: “Hemos tenido que llegar al punto de tener que comprar un barco, que se encuentra en las inmediaciones de nuestras costas, comprar el barco, porque se ha negado el armador a atracar con combustible dentro, combustible nuestro”, dijo el ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez.

Imagen de La Habana, cubierta por la nube de polvo del Sahara. (24.06.2020).

Futuro incierto

“Con la disminución de la ayuda venezolana y el recrudecimiento de las sanciones estadounidenses, todo hace esperar que este sea a ser un año muy duro en Cuba. Hay una combinación de factores que impactan prácticamente todos los frentes de la economía del país”, señala Hoffmann.

El agravamiento de la crisis se palpa en el día a día, con la disminución de productos en los mercados y el aumento de las colas. “Esto recuerda mucho los años 90, después del derrumbe del bloque socialista. Cuba está enfrentando esta situación con una vuelta a una economía de racionamiento, para resistir tanto la pandemia como la crisis económica”, dice el experto del GIGA.

En su opinión, la experiencia que tiene la isla en situaciones de descenso dramático de la economía puede ayudarle a resistir una pandemia y una crisis económica en condiciones muy diferentes a las de otros países:  “Es probable que siga el mismo camino que en los 90, vale decir, poner más cosas en la libreta de racionamiento y sacar de circulación del mercado, en una suerte de economía de guerra, pero con relativa equidad en la distribución”.

A pesar de debates iniciales en torno a las cifras oficiales, Cuba hoy muestra resultados mejores que muchos de sus vecinos en la lucha contra el coronavirus, también gracias a su sistema de salud. Por ahora, al estar detenidos el turismo, algunos servicios y el transporte, en algo ha disminuido también el consumo de combustible.

“¿Cuán grande es la escasez? No lo sabemos. Pero del problema de la energía no se sale rápido, porque no hay capacidad para incrementar la producción nacional y dependemos de factores fuera de Cuba. A corto plazo, Venezuela no se va a recuperar ni vamos a quitarnos de encima muchas de las sanciones que pesan sobre el país. Hoy la solución depende esencialmente de socios externos, como Rusia, que puedan ayudar, por lo menos temporalmente”.

(cp)

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Autor: Sanne Derks